La mente de Sarah Shourd comenzó a desvariar después de dos meses de encarcelamiento. Escuchaba pisadas, veía luces y pasaba gran parte del día en cuatro patas, escuchando a través de un hueco en la puerta. Un verano, esta mujer de 32 años estaba de excursión con dos amigas por las montañas iraquíes de Kurdistán cuando fueron arrestadas por las tropas iraníes después de que cruzaran la frontera con Irán. Las acusaron de espionaje y las mantuvieron en confinamiento en solitario –cada una en una pequeña celda-, en la prisión Evin de Teherán.

PIÉNSALO DOS VECES ANTES DE..

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